El horrible idioma alemán

the awful German language
Mark Twain dedicó buena parte de su vida a estudiar alemán, pero más que ello, a intentar comprender y analizar sus numerosas dificultades. Porque tanto para los alemanes nativos como para el estudiante extranjero, el aprendizaje de su gramática resulta un auténtico reto. Todo este esfuerzo queda perfectamente plasmado en su libro “Die schreckliche Deutsche Sprache” o lo que es lo mismo, “El horrible idioma alemán”. Nosotros también lo hemos leído y estas son las conclusiones que hemos sacado de este imprescindible manual para el estudiante de alemán.

Una persona inteligente puede aprender inglés (excepto gramática y pronunciación) en treinta horas, francés en treinta días y alemán en treinta años. Queda en las manos de quienes podrían, enderezar y reparar la tercera lengua mencionada. En caso de que así permanezca, debería ser presentada, amable y respetuosamente, como una de las lenguas muertas, pues sólo los muertos tienen suficiente tiempo para aprenderla. Así resumía el escritor estadounidense el arduo esfuerzo que el estudio del alemán requiere al estudiante.
Un buen consejo para aprender un idioma es intentar empaparse al máximo de él, escuchando la radio, viendo películas, leyendo un libro, o sencillamente algún artículo de prensa. Esto último también se le ocurrió a Twain (teniendo en cuenta que la tecnología de la época no ofrecía muchas más opciones). Sin embargo y para su sorpresa, aquí es donde uno se topa de lleno con el más puro estilo alemán. Y es que una frase en un periódico, es una sublime e impresionante curiosidad, ya que ocupa un cuarto de la columna, y no en ningún orden regular, sino todo mezclado, con palabras compuestas que serían imposibles de encontrar en un diccionario (seis o siete palabras compactadas en una). Estas cosas no son palabras, son procesiones alfabéticas, marchando majestuosamente a lo largo de la página, con lo que si el lector tiene un poco de imaginación puede hasta ver el estandarte y oír la música, también. Y por supuesto, con el verbo situado al final, por lo que descubrir sobre qué se está hablando exactamente, supone un estado de alerta y tensión constante para el lector. Eso con suerte de que el verbo no acabe colocado en la página siguiente, debido a la longitud de la frase.

Otro ejemplo son las declinaciones. El que sabe latín y está habituado a ellas se hace enseguida a los casos en alemán. Esto lo dicen los profesores de alemán en la primera lección. Pero, ¿qué pasa con el resto de los mortales? Que entonces comienzan a estudiar der, des, dem, den, die, y los problemas van ya todos seguidos. Porque para declinar el artículo y/o adjetivo se necesita algo tan fundamental como saber el género del sustantivo, lo cual no tiene siempre mucho sentido o lógica, por lo que se debe aprender de memoria. No hay otra forma posible que memorizar. Por ejemplo, en alemán una mujer es femenino (Die Frau), pero la esposa (das Weib), desgraciadamente es neutra, no tiene sexo! Y entonces aquí llega otro hándicap, pues no debemos olvidar la pronunciación. Otra gran característica de este idioma. Ya que da igual cuanto tiempo estés viviendo en Alemania que por tu acento, será imposible disimular de dónde vienes.
Pero su trabajo no estaba destinado a quedarse resumido y encerrado en un libro, él quería realmente reformar el idioma y por ello planteó algunas sugerencias:
• Eliminar el caso dativo (nadie sabe cuando el caso es dativo, excepto si descubre por accidente).
• Mover el verbo al principio, detrás del sujeto.
• Importar algunas palabras fuertes del inglés.
• Reorganizar el género de las palabras.
• Eliminar la composición ilimitada de palabras.
• Evitar que el lector extranjero se tope con expresiones tan extrañas como: “haben sind gewesen gehabt haben geworden seins”.
• Eliminar los paréntesis.
• Simplificar el lenguaje.
Yo creo que pese a estar cargado de buenas intenciones, Twain se quedó en el intento de reformar el idioma alemán. Lamentablemente, los estudiantes de alemán seguimos estando expuestos a toparnos con frases tan peculiares como la que concluye este artículo y que el mismo autor escribió de puño y letra. Obviamente, la frase es gramaticalmente incorrecta, pero después de tanto esfuerzo por su parte y de habernos regalado un libro tan práctico sobre el alemán, se la damos por buena. ¿Te atreves a corregirla?
Wenn aber man kann nicht meinem Rede verstehen, so werde ich ihm später dasselbe übersetzt, wenn er solche Dienst verlangen wollen haben werden sollen sein hätte.